Unas cuñadas viajaron desde Chalatenango y fueron drogadas y violadas por un hombre que les había ofrecido trabajo

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Unas cuñadas viajaron desde Chalatenango y fueron drogadas y violadas por un hombre que les había ofrecido trabajo

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Un hombre se hizo pasar como el administrador de una ferretería para poder violar a dos cuñadas a las que también despojó de $40, mismos que usó para alquilar un cuarto en un motel y comprar la droga con las que la sedó para posteriormente abusarlas. El hombre fue encontrado culpable de este hecho por un juez y ahora tendrá que pagar con 36 años de cárcel.

De acuerdo a lo expresado durante el juicio, las víctimas fueron contactadas por su agresor a través de una familiar, de nombre “Karla”, que frecuentaba el mercado central de San Salvador y que le afirmó que en su familia había mujeres bellas.

Con esas referencias, José Luis García Alberto le ofreció trabajo a “Karla” en una ferretería con un salario de $305. La mujer se negó, pero le comentó al condenado que su hija “Hilda” y su cuñada “Celina” necesitaban trabajar.

El 4 de febrero de 2016 el hombre viajó desde San Salvador hasta Chalatenango para reunirse con las dos mujeres, ante quienes se presentó con el nombre de Eduardo y les dijo que a cambio de sus servicios en la ferretería iban a recibir $275 más $30 en concepto de viáticos para alimentación.

La única condición que estableció fue que le entregaran $20 cada una que servirían para pagar una serie de exámenes médicos que eran solicitados para ingresar a la empresa.

El falso empresario también aseguró a sus víctimas que al llegar a la capital se iban a hospedar en un hotel porque las pruebas médicas se las tenían que realizar a primera hora del día, por lo que de ahí saldrían al laboratorio.

El mismo marido de “Celina” fue quien entregó los $40 a García Alberto y minutos después vio cómo su mujer y su hermana partieron a San Salvador para emprender la supuesta aventura laboral.

No las alimentó y las endrogó

Las ofendidas recordaron durante la audiencia que su viaje fue a través de varios buses y que se tardaron casi  seis horas en llegar hasta el motel en el que se hospedaron, ubicado cerca del Instituto del Cáncer en San Salvador.

Durante el viaje, recordaron que el condenado pasó por una farmacia ubicada en el centro de la capital y en el trayecto les advirtió que no iban a cenar debido a que para realizarse los supuestos exámenes tenían que estar en ayunas.

Al llegar al motel –a eso de las 3 de la tarde- García Alberto pidió dos cuartos, uno para él y otro para sus acompañantes, a quienes les pidió que se despreocuparan porque su socia iba a llegar pronto a verlas, además que en el lugar se iban a incorporar otros postulantes a las vacantes.

Pasadas las 7 de la noche García Alberto llevó a las mujeres unas pastillas y dos vasos con agua que según ellas tenía “un polvo blanco en el fondo”.  Ambas coinciden que el sabor del líquido era amargo, pero que esto les fue advertido ya que se les dijo que era para limpiar sus pulmones.

Posteriormente, tanto “Hilda” como “Celina” manifestaron que volvieron a su habitación para esperar el día siguiente y realizar el supuesto procedimiento previo a ser contratadas.

La ejecución de su fantasía sexual

Pasadas las nueve de la noche y con ambas dormidas, García Alberto ingresó al cuarto y les llevó otro vaso con agua y “polvo blanco”.

En un primer momento “Celina” se negó a beber el líquido, pero cedió cuando su verdugo le dijo que era una bebida cara y que sino atendía las indicaciones no le iban a dar trabajo.

“Bátalo bien y se lo toma, si le ha quedado otro poquito échele agua y se lo toma”, ordenó el condenado.

Hilda, por su parte, no se opuso y bebió el agua.

Según el relato, García Alberto volvió a la habitación de las mujeres en la madrugada y cuando estas le increparon su presencia ahí, se justificó diciendo que en su cuarto no había servicio de agua para bañarse.

En su declaración, “Celina” indicó que en ese momento se percató que tenía la ropa interior al revés, mientras “Hilda” recordó vagamente que en algún momento de la noche tenía a alguien junto a ella y que esta persona le tocaba las piernas.

Las mujeres se incorporaron y después de bañarse y aún mareadas vieron que en sus teléfonos celulares que la agenda de contactos había sido borrada y que no tenían el dinero que llevaban el día anterior, por lo que tuvieron que ingeniárselas para volver a Chalatenango.

Posterior a interponer la denuncia, los exámenes realizados por peritos determinaron que ambas mujeres fueron víctimas de violación, por lo que se procedió con la búsqueda y captura de García Alberto.

Los desmayos del violador

Sentado en el banquillo de los acusados, García Alberto logró posponer la audiencia en reiteradas ocasiones, alegando que presentaba complicaciones en su salud por la diabetes que padece.

Incluso la semana pasada, mientras escuchaba el testimonio de una de las víctimas, el hombre se desvaneció, lo que en esta ocasión no fue impedimiento para que el juez continuara con el caso hasta emitir una resolución.

Finalmente, José Luis García Alberto fue condenado a 36 años de prisión por el delito de violación contra ambas mujeres.

 

(El Salvador Time)

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